
Calles desiertas en Mineral de Pozos
Lugares turísticos en Guanajuato que se encontraban en auge y crecimiento de visitantes durante los últimos meses, tuvieron que aplicar el freno de la noche a la mañana y cerrar negocios por la contingencia sanitaria del coronavirus. Hoy parecen pueblos fantasma donde los micros y pequeños empresarios de esos lugares sólo desean que pronto pase la pandemia y regrese los turistas.
Lugares como Atotonilco en San Miguel de Allende, Mineral de Pozos en San Luis de la Paz y Xichú en la Sierra Gorda del lado guanajuatense, han tenido los últimos fines de semana desolados. El sueño de las calles llenas de gente mientras recorren los puestos de comida, artesanías o lugares turísticos hoy es todo lo contario: una pesadilla con imágenes de calles desiertas y cortinas de los negocios abajo.
“Yo trabajaba en un rancho pero nos liquidaron y me puse a vender gorditas en la calle. Ya tenía varias semanas y de repente nos dijeron que ya no por eso del coronavirus y la gente dejó de venir. Antes aquí los fines de semana estaba lleno, no se podía a veces caminar a gusto y hoy está todo cerrado. Yo salí a tratar de vender aunque sea un poco porque estoy yo sola con mis hijas y tenemos que comer, no puedo quedarme encerrada”, dijo Inés García, vendedora de gorditas en el pueblo de Atotonilco.

Este lugar que en 1810 vio pasar al cura Hidalgo y tomar el estandarte de la Virgen de Guadalupe en el Santuario de Jesús Nazareno durante su camino a San Miguel el Grande, tiene precisamente en este santuario uno de los sitios más visitados durante los últimos meses, porque además del valor histórico tiene un fuerte atractivo turístico en las pinturas de la pasión de Cristo plasmadas en paredes y techos del lugar. Le llaman “la Capilla Sixtina de México”, pero en la actualidad también está cerrado.
En Xichú, punto obligado para el turismo de aventura a través del ciclismo de montaña, senderismo, motociclismo doble propósito, cuatrimotos, campismo y los amantes de la naturaleza, el lugar está literalmente cerrado a la permanencia de personas ajenas al municipio.
La cabecera municipal es pequeña, pero cuenta con lo necesario para hospedarse, hacer una pausa, organizar el equipo, comprar víveres y partir después a la Sierra Gorda en cualquiera de las actividades deportivas antes mencionadas. Hoy cualquier extraño que las deseé practicar deberá ir preparado desde antes porque no puede quedarse en el pueblo.

Los dos accesos desde la carretera a la zona urbana están vigilados por elementos de la policía municipal que sólo dejan pasar a los vecinos que habitan en el interior del lugar.
“No se puede pasar. Está cerrado el paso para ir a la zona centro” menciona tajante uno de los oficiales cuando el equipo de Tabloide News le pide información para llegar al primer cuadro de la ciudad.
-Sólo buscamos tomar unas fotografías de cómo está el centro. Es todo.
“¿Sólo van de paso sin detenerse ni bajarse en ningún lugar y se van?, entonces yo los acompaño“.
Y sí, el elemento de seguridad pública acompañó al equipo calles abajo hacia el centro, observó la toma de un par de fotografías del jardín, el templo y la presidencia, y siguió de escolta hasta la otra salida del municipio para comprobar que tomamos la carretera de regreso.
En Mineral de Pozos el panorama desolador impacta. De nuevo es literal “un pueblo fantasma”.

Este lugar que cada fin de semana recibía cientos de turistas de otras partes de Guanajuato y del centro del País para recorrer las minas abandonadas, algunas de ellas las primeras de la América colonial. Hoy luce desierto.
Los hoteles spa con producción de cerveza artesanal y helado de lavanda han cerrado, y los restaurantes con una deliciosa gastronomía regional también bajaron la cortina o venden muy poco para llevar, pues el principal ingreso provenía de los visitantes.
“Ya tenemos así varios fines de semana. El municipio nos dio permiso de vender sólo para llevar pero es difícil porque casi nadie pide, son muy pocos. Los principales ingresos son de la gente que nos visitaba y se quedaba a comer”, menciona Amy, una de las dueñas de la “Cafetería Pozos” el primer restaurante que hubo en este lugar después de que el Gobierno del Estado decidió promover el turismo en este sitio.
“No sé cómo le vamos a hacer para sobrevivir. Somos un negocio cien por ciento familiar, de aquí dependemos todos y últimamente casi no hemos tenido ingresos. Nos dicen que hay apoyos de gobierno del estado pero no nos resuelven y nuestra situación es complicada. Estamos tratando de aguantar pero es muy difícil”, mencionó.
Son lugares turísticos que iban en ascenso, poco a poco colocándose en el gusto de la gente y con visitas más constantes. De un día para otro, tuvieron que detener la principal actividad económica a la que ya estaban acostumbrados.